¿En qué fase del “coronavirus” me encuentro?

A nadie le ha dejado indiferente el COVID-19. Desde que oímos por primera vez la palabra “coronavirus”, nuestra interpretación de esa realidad ha ido variando. Primero lo vimos como algo ajeno a nosotros; luego entramos en la fase de colapso-histeria hasta que, por fin, desembocamos en la fase de adaptación, donde nos encontramos ahora mismo.

La mente humana es poderosa y flexible. Tenemos una enorme capacidad de adaptación y aprendizaje siempre y cuando consigamos gestionar el miedo. Si el miedo impregna nuestra vida, nos bloqueamos, enfermamos y sufrimos hasta grados insospechados.

Hace unas semanas, el coronavirus nos puso en jaque. De golpe todo cambió: miedo a la enfermedad y la pérdida de seres queridos, teletrabajo, hijos sin colegio, dificultades económicas, imposibilidad de evasión y de salir a las calles… Algo que hace meses nos habría resultado inimaginable – más que en las películas- tomaba forma velozmente en nuestra vida.

He hablado estos días con amigos y pacientes, muchos desperdigados por el mundo. Días antes del confinamiento, estuve con una familia extranjera, que consideraba exagerada la alteración de los españoles; “¡qué exagerados sois en este país!”, “¡esto a mi país no llega!”. Recibí un correo de uno de ellos ayer: ya estaban confinados en su ciudad, sin poder salir de sus casas, agarrotados por la angustia y la inquietud.

Lo que a todos nos interesa es trabajar en esa adaptación. Me parece clave y me gustaría que cuando leas estas líneas te ayuden a pensar y a profundizar sobre cómo estás viviendo esta situación. Hay que ponerle nombre a las emociones que van surgiendo estos días.

Hay dos enfoques: el “micro” y el “macro”.

El “micro” es mi problema particular, mi situación en concreto. Cada uno de nosotros tiene una: el que tiene un familiar ingresado, el que ha perdido a alguien, el médico o sanitario que trabaja a destajo y arriesga a diario para paliar esta pandemia, el que ha perdido el trabajo… La inmensa mayoría estamos en aislados en nuestras casas, intentando atravesar estos días de la mejor manera posible. En estos casos el mundo está parado o desacelerando, y ello debe invitar a la reflexión. Si no te dejan salir fuera, métete dentro, y procura sacar lo mejor que existe en tu interior.

El “macro” es el problema a escala mundial. Si uno ve las noticias, en el país en el que se encuentre, existe una sección dedicada a otros países: la India, EEUU, el norte de Europa, China y, por supuesto, Italia y España. Por otro lado, se nos informa sobre diferentes aspectos: los fallecidos, los médicos contagiados, las residencias de ancianos o los problemas económicos a los que nos vamos a enfrentar en los próximos tiempos… Si nos imbuimos de forma demasiado intensa en esas noticias, lo lógico es que nos angustiemos. No se trata de bloquear nuestra mente a toda información veraz y actualizada, pero por otro lado, recomiendo ser selectivo: informarse una o dos veces al día e intentar vivir nuestro presente de la mejor manera posible. Existe un riesgo real de generar una adicción morbosa, de que desarrollemos una malsana adicción a la pandemia, hasta querer conocer cada detalle de la misma. Y esa obsesión sólo puede conducir a mayor angustia y ansiedad, que pagará no sólo el afectado sino quienes convivan con él.

Aquí vuelvo a mi “situación micro”. Cada historia es única, cada cual está sufriendo y sobreviviendo de la mejor manera posible. Lo importante es saber que de esta situación, salvo desgraciadas excepciones, vamos a salir. Seguro. La humanidad se ha enfrentado a situaciones más trágicas a lo largo de la historia siendo siempre capaz de superarlas. No dejemos que la asfixiante situación actual nos domine. Repítete a ti mismo: esta es una situación temporal, no es más que un paréntesis en mi vida. ¿Cómo puedo aprovechar todo este tiempo que ahora tengo, como por ensalmo, a mi disposición?

Por otro lado, no estamos solos; la humanidad está unida en un mismo fin: combatir y vencer al coronavirus. El individualismo y el egoísmo declinan. Son tiempos de generosidad, de agradecer la labor de los demás, de dar gracias por vivir en una sociedad en la que hay tantas personas dispuestas a sacrificarse en momentos como este. Todos a una. En nuestra situación “micro”, en casa, tenemos que aprender a convivir con quienes pasan estos días con nosotros, e incluso con quienes, sin estar con nosotros, nos necesitan más. Con delicadeza, con mano izquierda y con paciencia. Cuando la convivencia es tan estrecha, cuando nuestras habituales vías de escape están bloqueadas, los defectos de los demás nos resultan más pesados y nos transformamos en personas menos transigentes. Fomentemos escuchar y entender, evitemos juzgar a los demás.

Busquemos- durante este confinamiento- mejorar y trabajar nuestras relaciones. Familia, amigos, compañeros de trabajo. Hay mucha gente a la que una llamada, una conversación, cinco minutos de tu atención, puede hacerle mucho bien. Seamos generosos con nuestro tiempo. Prestemos atención a las inquietudes de quienes nos rodean, todos están pasando por un proceso de preocupación. Pocas veces tendrás la oportunidad de disfrutar de un “reposo” obligado, con tanta gente que te importa, para demostrar que eres capaz de cuidar, entender y querer, a pesar de la peor de las circunstancias. Cuando todo esto haya terminado, te sentirás orgulloso de haberlo intentado.

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MARIAN ROJAS ESTAPÉ

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