EDUCAR EN EL OPTIMISMO

EDUCAR EN EL OPTIMISMO - Marian Rojas Estapé

En una ocasión, un periodista le preguntó a Helen Keller que se había quedado ciega, muda y sorda a los diecinueve meses de edad:

-Srta. Keller, ¿Hay algo peor que ser ciego?

-Sí, es peor poder ver y no tener una visión, porque como vemos el futuro, determina cómo vivimos el presente.

La felicidad está íntimamente relacionada con  el sentido que le damos a la vida, a nuestra existencia.Es una manera de enfrentarse a la vida.  Hoy sabemos que ser felices es una garantía de longevidad para la salud. Las personas más felices tienen una genética privilegiada. Los telómeros son los manguitos que se encuentran en el extremo de los cromosomas y disminuyen a medida que envejecemos o enfermamos. Las personas más felices tienen los telómeros mas largos. La gran noticia es que hoy conocemos que existe la epigénetica, es decir, podemos modular y cambiar nuestros genes: nuestras propias experiencias pueden marcar el material genético.

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Cromosoma y telómeros

¿Se puede aprender a ser optimista?

Definitivamente si. El psicólogo israelí Tal Ben Shahar imparte el curso más concurrido en la Universidad de Harvard en el que enseña a ser feliz. Podemos aprender a ser positivos. Es un trabajo lento pero lleno de satisfacción y de posibilidades para mejorar nuestra salud física y mental. El optimismo es una forma de capturar el instante presente ya que felicidad no es lo que nos sucede, sino como interpretamos lo que nos sucede. La gente que ha llegado más lejos en la vida poseía una visión optimismo del mundo de y las personas y sabían comunicarla a otros. El optimista sabe ver un proyecto mientras que el pesimista encuentra siempre una excusa para no empezar.

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1- Nuestro cerebro cuenta con gran neuroplasticidad. Puede ser entrenado. La ilusión es al cerebro lo que el ejercicio al musculo. La pasión por la vida aumentan las conexiones neuronales y producen un movimiento de neuronas hacia el hipocampo (zona de la memoria y del miedo). Decía Ramón y Cajal, premio Nobel y padre de la neurociencia, “todo ser humano si se lo propone puede ser escultor de su propio proyecto”.

2- Hay que aprender a descubrir lo que nos enseña cada circunstancia adversa. Hace falta paciencia y tiempo. En ocasiones hay que esperar para poder entender los acontecimientos negativos. Decía Winston Churchill, “el optimista ve una oportunidad en toda calamidad; el pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

3- La desesperanza, la apatía y la desmotivación bloquean zonas de nuestro cerebro y nos impiden ver soluciones. Disminuyen el riego sanguíneo en zonas cerebrales básicas para la resolución de problemas. Debemos aprender a vivir con esperanza, que es la llave para la paz interior.

4- Goethe pensaba; “si tratas a una persona como es, permanecerá como es; pero si la tratas como si fuera lo que debe y puede ser; se convertirá en lo que puede y debe ser”. Esto funciona tanto con nosotros así como con las personas que nos rodean. Sueña en grande, actúa en pequeño.

5- Crecerse ante la adversidad. No desaparecer o desear desaparecer. Luchar con constancia. En mi trabajo observo vidas de personas que han salido adelante a pesar de haber sufrido enormemente, han podido levantarse y recomenzar. La derrota nos moldea, nos enseña aquello que el éxito nos impide ver.

6- Encontrar modelos, ejemplos que nos impulsen. “Si ves a un hombre bueno, imítale; si ves a un hombre malo: examínate a ti mismo” señalaba Confucio. Leer vidas de personas que han sabido seguir adelante a pesar de las dificultades. Nos inspiran para no desanimarnos o abrumarnos por las dificultades del instante presente.

La felicidad es una forma de ver la realidad por tanto la tarea de aprender a ser optimistas consiste en ejercitarse en mirar esa realidad, en mirar a las personas de forma amable y en mirar al mundo con esperanza e ilusión.

Como bien apuntaba  Gilbert Keith Chesterton; “Optimista es el que mira a los ojos; pesimista, el que mira a los pies.”

Dra. Marian Rojas-Estapé

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MARIAN ROJAS ESTAPÉ

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