Para comprender hay que escuchar.

Para comprender hay que escuchar. - Marian Rojas Estapé

Desde hace un mes vivo en Londres.

Soy psiquiatra y me dedico a bucear en las mentes de las personas para intentar ayudarles en momentos difíciles. Desde que empecé a ejercer la profesión me he reafirmado en una idea, los psiquiatras tenemos la profesión más bella: vendemos felicidad. Quizá el termino vender resulta muy material y superficial y produce cierto rechazo unir esos dos términos, pero la idea de fondo es clara: ayudamos a muchas personas a encontrar sentido a sus vidas en momentos de gran vacio u oscuridad.

Hoy en día es raro encontrar a alguien que no tenga a un familiar o conocido que haya precisado acudir al psiquiatra o psicólogo en algún momento de su vida. Los cuadros de depresión y ansiedad están a la orden del día y frecuentemente encontramos personas que precisan de nuestro cuidado.

Escuchar a los demás es siempre una experiencia más enriquecedora que hablar y contar las aventuras de un mismo. Sin embargo, escuchar no es tarea fácil, requiere de paciencia y de comprensión.  Decía Kant, “la paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte”.

Cualquiera de nosotros hemos atravesado en algún momento circunstancias complicadas y ásperas. Cuando uno decide compartir esa experiencia desagradable o gris con otro, existe un  instante donde uno percibe esa conexión con la otra persona: Comprender es aliviar. Muchas veces no solucionaremos los males de los demás, pero habremos conseguido que se vayan con una sensación de alivio mayor. Comprender requiere luchar por los prejuicios que sobresalen de forma fácil y directa en cualquier conversación. Mirar a la otra persona, respetando sus silencios y sabiendo que en algún momento nos abrirá su intimidad. Hay que saber renunciar al reloj, algo casi imposible hoy en día y sobre todo, que esa persona que esta intentando compartir algo con nosotros perciba que no vivimos bajo la presión de las agujas del aparato que nos recuerda que pasan los minutos.  Se trata de un estado interno del que escucha, y para no tener prisa por fuera, hay que hallar esa paz interior tan difícil de poseer hoy en día. “La paciencia es el amor que se hace tiempo” decía Hans Urs von Balthasar

Para comprender por tanto lo primero es escuchar. Aprender a escuchar es complicado en este mundo ruidoso y caótico en el que vivimos. John Wallach, periodista norteamericano que falleció en el 2002 (trabajó durante 20 años para el grupo Hearst en Estados Unidos) fundó la Organización  “Seeds of Peace” (Semillas de la Paz), para enseñar a jóvenes de países que se encontraban en guerra en esos momentos (judíos, palestinos y jordanos) a escucharse unos a otros mediante campamentos de verano en los bosques de Maine (EEUU). ”Enseñamos el arte de escuchar”, decía Wallach. ”Cuando tú realmente escuchas lo que tu enemigo está diciendo, puedes empezar a desarrollar un entendimiento y una empatía por ellos. Necesitas ir más allá de la idea de que tú eres la víctima exclusiva del otro lado; nadie tiene monopolizado el sufrimiento. Cuando ambos lados se dan cuenta que ambos son víctimas, es posible un avance. Tú realmente puedes romper el ciclo de la violencia.”.

La mayor parte de nosotros se encuentra afortunadamente lejos de un conflicto bélico hoy en día, pero muchos percibimos un ambiente tenso, frio a nuestro alrededor. La gente se pelea, se enfada, se irrita con una enorme facilidad.  Conseguir la paz internacional pasa por conseguir la paz con la persona más cercana a nosotros, en nuestras familias, profesiones, circunstancias habituales…

El genial Oscar Wilde (que nunca deja indiferente por sus actitudes ante la vida y comentarios sagaces) era un hombre poco dado a la escucha como reflejan sus escritos y palabras: “no voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo”.

Saber escuchar es un indicador de madurez psicológica y afectiva. El que escucha sabe aceptar a los demás a pesar de sus diferencias y se ejercita en el arte de la tolerancia.

La escucha empieza desde que uno se levanta por las mañanas, y abarca cualquier ámbito de nuestro día. En muchas ocasiones mis pacientes me preguntan, “doctora, ¿cómo romper esa barrera del silencio incómodo?”. A veces simplemente requiere un acto de humildad y un “Buenos días. ¿Qué tal?”. No es complicado, y rompemos el muro que se había construido.

Ya que me encuentro en tierras inglesas terminaré con el gran Winston Churchill: “Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”.

Marian Rojas Estapé

Medico. Residente de Psiquiatría.

1 Me gusta

MARIAN ROJAS ESTAPÉ

Quizás te interese

Comentarios

  • Nacho A.

    Escrito el 26 junio, 2012

    Responder

    Querida Marian, Muchas Felicidades¡¡¡¡ en tu nueva andadura y gracias por compartir con todos tus experiencias y conocimientos.
    Conociéndote seguro que será un éxito.
    Un beso de un futuro asiduo a este medio. Nacho A.

  • MM

    Escrito el 26 junio, 2012

    Responder

    Fantástica entrada Marian!!
    Desde mi punto de vista, un pelin extenso, pero el contenido, que es lo que verdaderamente importa, es enrriquecedor. Sigue así, con tus experiencias, profesionalidad, y formación, le auguro un exitoso futuro a este Blog.
    Un beso!!

    Posdata: Me ha encantado la imagen!! Y la seccion “about me” muy ingeniosa!!

  • Carmen

    Escrito el 27 junio, 2012

    Responder

    Marian tu nueva fan! me encanta!!! yo creo que lo de Oscar Wilde era en plan de guasa, es un hombre alucinante, y que a la vez, aunque no escuchase nos puede llenar de esperanza…

  • Jose Luis

    Escrito el 27 junio, 2012

    Responder

    Marian;
    Soy José Luis un antiguo paciente de tu padre y tuyo y buceando por tu padre he encontrado esta web tuya. Respecto a tu entrada la verdad que es muy bonita y profunda la moraleja que propones. A mi lo que me ha dicho es que de las interpretaciones que hagamos de los actos de los demás ,si no sacamos nada en claro de la escucha ,la que siempre hay que escoger es la menos egoista, es decir, la más generosa. Siempre vamos a lo que nos han hecho y como todos estamos heridos acabamos dándole un sentido autoinculpatorio o de que no merecemos la pena o tenemos un problema. Es esa inseguridad irracional la que nos mata. Yo creo que aquí esta uno de los problemas de hoy que la gente con sus actos te dice o parece que te dice que tu no vales cuando analizandolo friamente esa persona ya con su acto se está rebajando pero probablemente esconda un problema. En fin mi conclusión es que el valor de cada uno es muy relativo y que no podemos estar siempre comparandonos y que el valor y la autoestima te lo tienes que dar tu mismo, y que escuchando como tu dices, descubres que el problema muchas veces lo tiene el otro pero esto es lo dificil: reflexionar y deducir la interpretación más probable de lo que le pasa al otro. Espero que todo te vaya bien y que no dejes de reflexionar y profundizar para aliviar a tanta persona sin rumbo que hay en estos mundos de Dios. De todos modos creo que hay un componente en todo este análisis que no es controlable o si por la psiquiatría ,y es la existencia del mal. La envidía es por desgracia la raiz de muchos problemas entre las personas. Sólo viendolo al otro con misericordia se puede superar . UN saludo .

  • S. Jimfer

    Escrito el 27 junio, 2012

    Responder

    Querida Marian: enhorabuena por esta nueva iniciativa…

    déjate de formalismos…!! 😉

    Te echo de menos. Un beso grande.
    Por cierto me encanta lo de Wallach, de romper el círculo de la violencia

  • Marta

    Escrito el 28 junio, 2012

    Responder

    Marian eres un crack!
    Enhorabuena por el Blog, seguro que te va a ir fenomenal!!
    Se te echa de menos!
    besos

  • MIGUEL ANGEL

    Escrito el 2 julio, 2012

    Responder

    Querida Marian,
    Muchas gracias por compartir este maravilloso blog, estoy seguro que gracias a tu empuje y buen hacer tendrá mucho éxito!!

    “Se dice que el ser humano sólo tarda 4 años en aprender a hablar pero sin embargo necesita 60 años para poder aprender a callarse y escuchar.”

    La escucha con empatía y asertividad, significa tanto un alivio para la persona que habla como para el que escucha, el que habla abre una ventana de su mundo interior liberando parte de esa energía negativa que se almacena a veces, mientras que el que escucha puede comprender y ponerse en la situación de la otra persona, eliminando todos los prejuicios previos que pudiera haber tenido.
    Si en el mundo la gente dedicara un poco de tiempo a escuchar y ser más comprensivo, la tolerancia sería un comportamiento universal.

    Un abrazo.

    M.A.P.V.

Deja tu comentario